60 años de devoción lustral

Como cada cinco años los vecinos de Vallehermoso se preparan para disfrutar de los actos con motivo de la Bajada de la Patrona, la Virgen del Carmen, que en esta ocasión cumple su 60 aniversario. Con motivo de la fiesta, no solo los vecinos que residen en la localidad -y en el resto de municipios de la Isla Colombina- aprovechan el programa de actividades sino también los pantaneros que se encuentran fuera de La Gomera vuelven a su tierra para sumarse a la celebración.

 

El municipio de Vallehermoso celebró en 1955 por primera vez la Bajada de la Virgen del Carmen y, desde ese momento, cada cinco años, acoge con gran devoción sus Fiestas Lustrales. Se trata de un recorrido de aproximadamente cuatro kilómetros los que separan a la ermita de la Patrona, en la zona de Los Loros con el casco. Para este camino numerosos son los fieles que acompañan a la Virgen. Así, cada una de las 13 fiestas que se han celebrado, ha sido el reflejo de las circunstancias y realidades específicas de ese momento. El origen parece insinuarse en la invitación que lanza, en el programa de las primeras fiestas, el ideólogo de las mismas, que según los testimonios orales fue el párroco del momento, Manuel Díaz Luján, como recoge el libro publicado con motivo de este aniversario.

Para determinar los motivos hay que tener en cuenta la especial coyuntura sociopolítica que vivía el país y el municipio durante la Guerra Civil y la posguerra. En este sentido, se les supone a estas fiestas, no sólo la búsqueda de una fórmula de escape a las tensiones sociales existentes, sino la capacidad de recuperar un sentimiento identitario de pertenencia a la comunidad. Por ello, la celebración pretende ejercer de elemento cohesionador, definitorio en lo interno, de lo que para la gente de Vallehermoso significa serlo.

Símbolo comunitario

Las primeras Lustrales aprovecharon la carretera recién construida que recorre el margen del barranco del Ingenio desde el núcleo municipal, para instituir la imagen de la Virgen como símbolo comunitario. No obstante, este sentido originario se fue modificando con el paso de los años, convirtiéndose en un reflejo de la situación política, social, económica y cultural del municipio.
De hecho, la fiesta, que nació desde una organización puramente institucional desde el Ayuntamiento, fue convirtiéndose, en un proceso de “democratización”, en una celebración organizada por el pueblo y propiedad de este. Según se acerca al presente se percibe una tendencia regresiva al tutelaje por parte de el Gobierno local.

Fuente: Diario de Avisos